10 cosas que debes saber sobre el café de especialidad
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ToggleCiertos Mitos sobre el café de especialidad han generado confusión entre los consumidores que buscan calidad en cada taza. Muchos especialistas en café han desmentido creencias populares que afectan la percepción y preparación de esta bebida. Desde la supuesta relación entre el color del tueste y la cafeína hasta la idea errónea de que el espresso es la opción con mayor contenido energético, estos conceptos equivocados influyen en la manera en que las personas disfrutan su café.
Comprender la realidad detrás de estos mitos permite apreciar el café de especialidad con mayor conocimiento. Factores como el origen del grano, el método de beneficio y el perfil de tueste determinan sus características sensoriales, mientras que una preparación adecuada resalta cada matiz sin necesidad de recurrir a prácticas erróneas.
El café de especialidad no está reservado para expertos ni exige conocimientos avanzados para disfrutarlo. Cuestionar las creencias más extendidas abre la puerta a una experiencia más auténtica, en la que la calidad del grano, la frescura del tueste y una correcta preparación son los verdaderos protagonistas.
1. El café con sal mejora el rendimiento deportivo
Algunos atletas agregan sal al café con la creencia de que mejora la hidratación y el rendimiento físico. Este mito se ha popularizado en el mundo del deporte debido a la idea de que la sal puede compensar la pérdida de electrolitos durante el ejercicio intenso. Sin embargo, no existen estudios concluyentes que respalden que la combinación de café y sal tenga un impacto significativo en la resistencia o la recuperación muscular.
El café en sí mismo es un estimulante natural que puede mejorar el estado de alerta y reducir la percepción del esfuerzo. Su efecto diurético leve no es suficiente para causar deshidratación, siempre que el consumo sea moderado. La adición de sal podría alterar el sabor sin aportar beneficios adicionales a nivel deportivo.
Los baristas y nutricionistas coinciden en que la calidad del café y su preparación influyen mucho más en la experiencia del consumidor. En lugar de agregar sal, es preferible optar por un café de especialidad bien preparado que aporte una experiencia sensorial equilibrada.
Para quienes buscan mejorar el rendimiento deportivo, la hidratación adecuada y una alimentación balanceada juegan un papel mucho más relevante. El café, en su forma natural, puede ser un aliado, pero sin necesidad de modificar su composición con aditivos cuestionables.
2. El café expira y no se puede consumir después de la fecha de tueste
El café no tiene una fecha de caducidad estricta, pero su frescura disminuye con el tiempo. Los granos de café comienzan a perder sus compuestos aromáticos y aceites esenciales poco después del tueste. Aunque no representa un riesgo para la salud, el sabor se ve afectado si se almacena por largos periodos sin las condiciones adecuadas.
La frescura del café se mantiene mejor en un envase hermético, alejado de la luz y la humedad. El café de especialidad suele indicar la fecha de tueste en el envase, permitiendo a los consumidores elegir productos frescos. Un café recién tostado ofrece un mejor perfil de sabor dentro de los primeros 30 días.
El almacenamiento incorrecto es una de las principales razones por las que el café pierde calidad. Si se expone al oxígeno por mucho tiempo, los compuestos volátiles se evaporan, lo que resulta en una taza plana y sin matices. Conservarlo en un recipiente adecuado es fundamental para prolongar su calidad.
Beber café que ha pasado meses almacenado no es peligroso, pero no ofrecerá la experiencia sensorial esperada. Para disfrutar de un café de especialidad en su mejor momento, es recomendable comprar en cantidades pequeñas y consumirlo dentro del periodo óptimo de frescura.
3. El café descafeinado no contiene cafeína
El café descafeinado no está completamente libre de cafeína. Aunque el proceso de descafeinización elimina gran parte del compuesto, siempre quedan residuos en el grano. Dependiendo del método utilizado, el contenido de cafeína en un café descafeinado puede oscilar entre el 2 % y el 5 % de un café regular.
Existen diferentes formas de descafeinización, como el proceso con agua suiza, el método con CO2 o el uso de solventes naturales. Cada técnica tiene un impacto en el perfil de sabor y en la cantidad final de cafeína presente en el café. Un café descafeinado de calidad mantiene muchas de sus propiedades organolépticas sin alteraciones significativas.
Las personas sensibles a la cafeína deben considerar que incluso el café descafeinado podría generar un ligero efecto estimulante. Aunque su impacto es mínimo en comparación con un café regular, es importante conocer su contenido exacto antes de consumirlo.
El café descafeinado es una alternativa válida para quienes desean disfrutar del sabor sin el efecto estimulante. Elegir un café de especialidad descafeinado garantiza un producto con procesos más naturales y con un mejor perfil de sabor.
4. El café más caro es siempre el mejor
El precio del café no siempre refleja su calidad. Aunque los cafés más costosos suelen provenir de procesos selectivos y orígenes exclusivos, el valor real de un café radica en su frescura, tueste y preparación. Un café de especialidad de precio moderado puede superar en sabor a uno más caro si se maneja adecuadamente.
El café Kopi Luwak, uno de los más costosos del mundo, es un ejemplo claro de este mito. Su alto precio se debe a su rareza, no necesariamente a su sabor. De hecho, muchos baristas lo consideran inferior a otros cafés de especialidad con mejor tratamiento postcosecha y tueste.
El mercado del café está lleno de opciones de alta calidad a precios accesibles. Muchos productores trabajan con prácticas sostenibles y cafés de origen único sin inflar el costo final del producto. La clave está en conocer la trazabilidad y el proceso de cada café antes de elegir.
Optar por un café de especialidad bien evaluado y con un perfil de sabor acorde a las preferencias personales es más importante que guiarse solo por el precio. Un café excelente no siempre tiene que ser el más caro del mercado.
5. El café torrefacto es de mejor calidad porque es más oscuro
El café torrefacto se produce añadiendo azúcar durante el proceso de tostado, lo que provoca una caramelización de los granos y les otorga un color más oscuro. Este método fue adoptado en algunos países como una forma de conservar el café por más tiempo y, en muchos casos, para disimular la baja calidad del grano.
El color oscuro del café torrefacto no es un indicador de calidad, sino una consecuencia de la caramelización del azúcar. Este proceso genera sabores amargos y astringentes que enmascaran las notas naturales del café. A diferencia de los cafés de especialidad, que resaltan las características propias de cada origen y proceso, el torrefacto destruye la complejidad del grano.
Los cafés de especialidad buscan un tueste equilibrado que permita destacar los matices de cada grano sin añadir componentes artificiales. Un café más claro no significa que sea débil, sino que ha sido tostado de manera controlada para preservar sus atributos sensoriales. En cambio, el torrefacto suele generar una bebida con notas quemadas y una textura menos agradable en boca.
Para quienes buscan una experiencia auténtica, lo recomendable es optar por café 100 % natural, sin mezclas con torrefacto. Este tipo de café garantiza una mayor transparencia en cuanto a origen, procesos y calidad del grano, permitiendo disfrutar de una bebida más balanceada y compleja.
6. El café recién molido siempre es mejor
Moler el café justo antes de prepararlo es una de las mejores prácticas para preservar su frescura, pero esto no garantiza por sí solo una buena taza. El tamaño de la molienda es un factor fundamental que influye directamente en la extracción y, por lo tanto, en el sabor final.
Cada método de preparación requiere un tamaño de molienda específico para lograr un equilibrio adecuado. Un espresso necesita una molienda fina para lograr una extracción rápida y concentrada, mientras que una prensa francesa requiere una molienda gruesa para evitar la sobreextracción. Usar la molienda incorrecta puede generar sabores indeseados, como amargor excesivo o acidez desequilibrada.
Además, la uniformidad de la molienda es clave. Un molinillo de baja calidad puede producir partículas de diferentes tamaños, lo que genera una extracción irregular. Por esta razón, los baristas recomiendan el uso de molinos con muelas en lugar de cuchillas, ya que permiten obtener una molienda más homogénea y precisa.
El café recién molido es una ventaja, pero solo si se ajusta correctamente al método de preparación. De lo contrario, incluso el mejor grano puede dar lugar a una taza defectuosa.
7. Los baristas solo hacen arte con la leche, pero no mejoran el café
El latte art es una de las habilidades más visibles de un barista, pero su trabajo va mucho más allá de la estética. Un barista profesional es responsable de optimizar la extracción del café, calibrar la molienda, regular la temperatura del agua y ajustar la presión de la máquina para obtener la mejor taza posible.
El proceso de extracción del espresso, por ejemplo, requiere un conocimiento detallado de múltiples variables. Un barista capacitado sabe cómo modificar el tiempo de extracción, la proporción de café y agua, y la compactación del café en el portafiltro para lograr un resultado balanceado.
Además, el barista juega un papel clave en la selección del café. Debe conocer las características de los distintos orígenes, procesos y perfiles de tueste para recomendar la mejor opción según las preferencias del cliente. También es el encargado de garantizar que cada bebida mantenga la calidad y consistencia esperadas.
El latte art es una expresión visual de la técnica del barista, pero su verdadera labor radica en comprender y perfeccionar el proceso de preparación. Una buena presentación es importante, pero lo esencial es la calidad de la bebida en sí.
8. El café de especialidad es solo para expertos
Existe la percepción de que el café de especialidad es un producto exclusivo para conocedores, cuando en realidad está diseñado para ser disfrutado por cualquier persona. Su propósito no es imponer reglas rígidas, sino ofrecer una experiencia sensorial más rica y accesible.
Las cafeterías de especialidad buscan educar a los consumidores sobre las diferencias entre cafés de distintas regiones, los procesos de beneficio y las mejores formas de preparación. Este conocimiento no es un requisito para disfrutarlo, sino una herramienta para quienes deseen profundizar en el tema.
El café de especialidad se caracteriza por su transparencia en cuanto a origen y trazabilidad. Esto permite que cada persona descubra sus propias preferencias y encuentre el perfil de sabor que mejor se adapte a su gusto. No es necesario ser un experto para notar la diferencia entre un café bien tratado y uno de baja calidad.
Más allá de la complejidad técnica, el café de especialidad busca democratizar el consumo de café de calidad. Su finalidad es acercar a más personas a una mejor experiencia, sin barreras ni pretensiones.
9. El café fuerte es sinónimo de más cafeína
La percepción de un café «fuerte» se asocia comúnmente con un mayor contenido de cafeína, pero en realidad está relacionada con el sabor y la concentración de la bebida. Un café puede tener un perfil intenso sin contener más cafeína que otro de sabor más suave.
El contenido de cafeína depende de múltiples factores, como la variedad del grano, el método de preparación y la proporción de café y agua. Por ejemplo, un espresso tiene un sabor más intenso debido a su concentración, pero una taza de café filtrado suele contener más cafeína en total debido a su mayor volumen.
Las variedades de café también influyen. Los granos de la especie Robusta tienen casi el doble de cafeína que los de Arábica, pero el sabor de los primeros suele ser más áspero y menos complejo. Un café puede ser fuerte en amargor o en cuerpo sin necesariamente tener más cafeína.
Para quienes buscan un mayor efecto estimulante, lo recomendable es prestar atención a la cantidad total de cafeína consumida en lugar de guiarse solo por el sabor o la intensidad de la bebida.
10. Guardar el café en la nevera mantiene su frescura
Uno de los errores más comunes en la conservación del café es almacenarlo en el refrigerador con la idea de que así se preserva mejor su frescura. Sin embargo, la humedad y los olores presentes en la nevera pueden afectar negativamente el sabor del café.
El café es un producto higroscópico, lo que significa que absorbe la humedad y los olores de su entorno con facilidad. Si se guarda en el refrigerador sin un envase hermético, puede adquirir sabores extraños y perder sus notas originales.
Los cambios de temperatura también juegan un papel importante. Cada vez que el café se saca de la nevera, la condensación que se forma en los granos acelera su deterioro. Esto afecta tanto a los granos enteros como al café molido, reduciendo su calidad con el tiempo.
La mejor forma de conservar el café es en un recipiente hermético, en un lugar seco y alejado de la luz y el calor. De esta manera, se preservan mejor los aceites y compuestos aromáticos que hacen que el café de especialidad sea una experiencia única.
Nota:
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