La diversidad del café colombiano como ventaja competitiva internacional

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ToggleLa importancia del café colombiano ocupa un espacio central en el mercado cafetero internacional por razones que superan la tradición. Colombia cerró el 2023 con una producción cercana a los 11,4 millones de sacos de 60 kg, según la Federación Nacional de Cafeteros, y mantuvo su posición como uno de los tres mayores productores de café arábica lavado del mundo. Esa relevancia no surge únicamente del volumen. El país sostiene un ecosistema de más de 540.000 familias caficultoras, una estructura agrícola que influye de forma directa en la calidad, estabilidad y diversidad sensorial que muchos tostadores requieren para competir a nivel internacional.
En este artículo, presentamos una visión segmentada que permite entender cómo distintos actores perciben el presente y el futuro del café colombiano. Cada punto de vista aporta elementos técnicos, económicos y culturales para comprender por qué este origen continúa generando confianza en la industria.
Iniciamos con Carlo, tostador y cafetero radicado en Madrid desde hace más de dos décadas. Su experiencia une dos mundos: el origen cafetero de Pereira y la realidad del consumidor europeo. Su lectura sobre la evolución de los procesos, la capacidad de adaptación del productor colombiano y el peso del origen en las decisiones de compra permite contextualizar cómo se posiciona el café colombiano dentro de un mercado competitivo y saturado.
Luego avanzamos hacia Sintropía Coffee, una nueva generación de caficultores que busca defender el origen desde un modelo de conexión directa. Su perspectiva responde a un cambio generacional donde el productor ya no se limita a cultivar, sino que domina conceptos de fermentación, perfiles sensoriales, exportación y comunicación.
Cerramos con la visión de José un tostador joven en España, cuyo trabajo evidencia la versatilidad del café colombiano como punto de partida para desarrollar un portafolio sólido y estable. Su análisis ayuda a entender por qué muchos proyectos nuevos eligen Colombia como primer origen para ingresar al mercado de especialidad.

Carloman Castaño (Libis Coffee Roaster)
Carloman Castaño es fundador de Libis Coffee Roaster, tostador especializado con sede en Madrid. Nacido en una familia cafetera de Colombia, vivió su infancia rodeado del aroma y la cultura del café, aunque su familia dejó la finca cuando él era joven. En 2004 emigró a España, y después de años trabajando en otros sectores finalmente decidió dedicar su vida al café: en 2020 fundó Libis Coffee Roaster. Su proyecto combina tradición, experiencia personal y profesionalización, con la misión de promover un “café sensible” —de origen, trazabilidad y justicia hacia productores— manteniendo altos estándares de calidad y difusión de cultura cafetera.
¿Cómo describirías la evolución de la importancia del café colombiano en el mercado europeo?
El café colombiano lleva bien posicionado en el mercado mundial desde hace más de medio siglo, gracias a la calidad y al arduo trabajo de toda la cadena nacional para mantener estándares muy altos, sumado a una estrategia de marketing impecable. Pero lo más importante es la visión y la adaptabilidad que ha tenido Colombia frente a las nuevas exigencias de consumo, lo que ha impulsado décadas de investigación para mejorar productividad y calidad en taza. Aquí destacamos los procesos poscosecha implementados: desde los lavados más tradicionales hasta métodos que antes no eran comunes, como honey o natural, y finalmente fermentaciones controladas, experimentales y cofermentaciones. Todo este avance, que se cuenta rápido, es el resultado de muchos años de trabajo y mantiene al café de Colombia en el top of mind del consumidor.
¿Qué transformaciones ves en los perfiles de taza colombianos gracias a nuevas tecnologías y procesos?
Gracias a la alta exigencia del consumidor medio y la profesionalización del sector, hay un creciente deseo de ser sorprendidos por tazas cada día más exóticas y complejas. Los nuevos procesos controlados nos han dado perfiles donde el terroir o el varietal ya no son los únicos parámetros que influyen en el resultado final. El productor ha encontrado la manera de modular el perfil según lo que el cliente pide, y lo más importante: replicarlos con consistencia y obtener una mejor valoración de sus cafés. Sin embargo, algo importante —y de lo que poco se habla— es que estos perfiles tan exóticos tienden a saturar. Por eso es fundamental aplicar nuevas tecnologías y conocimientos para mantener los perfiles clásicos del café colombiano.
¿Qué papel juega el tostador en comunicar la importancia del café colombiano?
El tostador es clave en la comunicación, ya que es el eslabón de unión entre el origen y el cliente final. Pero considero que la mayor importancia está en comunicar primero a baristas y dueños de cafeterías, quienes son el último gran paso y están día a día con el consumidor final. Ellos tienen el papel principal en esta enseñanza y la responsabilidad de identificar el interés de cada cliente para saber cómo transmitir la información con pasión.
¿Qué mantiene vigente al café colombiano en España?
La vigencia del café de Colombia en España es fruto del trabajo de las últimas décadas. En este punto, solo debemos mantener el nivel de calidad, porque el café colombiano ya está en la memoria colectiva y se asume como uno de los mejores cafés. Es importante recalcar que el consumo en España ha cambiado: pasó de perfiles muy intensos y quemados a perfiles más suaves y complejos. En este terreno, el café colombiano tiene ventaja por sus características organolépticas, sin desmeritar la gran calidad de otros orígenes.
¿Qué atributos del café colombiano te siguen sorprendiendo?
Lo primero que me sorprende es la consistencia lograda en los diferentes procesos que se están desarrollando. El nivel de control es muy alto y es fruto de la tecnificación y la preparación del caficultor. Aquí es importante mencionar la entrada de nuevas generaciones, que están transformando el sector y combatiendo uno de los grandes problemas del campo colombiano —y mundial—: el relevo generacional.
Syntropía Coffee (Tercera generación de caficultores)
Syntropía Coffee es un proyecto impulsado por jóvenes colombianos de tercera generación dedicada al café. Apoyados en la experiencia heredada y la identidad cafetera de su familia, han adoptado un enfoque innovador: combinan genética local, procesos modernos de postcosecha y una visión orientada a la trazabilidad, sostenibilidad e internacionalización. Buscan redefinir lo que significa producir café en Colombia, conectando el origen directamente con mercados como Europa. Su propuesta pretende consolidar el legado cafetero, adaptarlo al contexto contemporáneo y proyectar al café colombiano como referente global de calidad e integridad. (Basado en tus notas)
¿Cómo entienden la importancia del café colombiano en un mercado global que exige innovación?
Para nosotros, el café no se resume en una bebida: es una experiencia, y para que ocurra debe haber actualización e innovación constante. Como tercera generación hemos heredado una tradición que hace parte de nuestra historia, pero también el compromiso de transformarla. El mundo del café exige innovación, trazabilidad, sostenibilidad y conexión con toda la cadena de valor; y creemos que Colombia tiene todo para estar en esa conversación.
Desde Syntropía conocemos el potencial de Colombia en calidades y cantidades dentro del café de especialidad. La demanda del mercado, combinada con la genética colombiana, crea una oportunidad perfecta para desarrollar cafés de altos estándares, participar en competencias y subastas internacionales, y mostrar que Colombia no solo produce café excepcional, sino que propone nuevas formas de disfrutarlo sin perder su raíz.
¿Cómo transforman los nuevos procesos la identidad del café colombiano sin perder su esencia?
No se trata de perder la esencia, sino de potenciarla. Como país productor, conocemos de primera mano el terroir, podemos experimentar con genética e implementar nuevos procesos que llevan el fruto a su máxima expresión sin perder las características que identifican al café colombiano. Estos métodos permiten obtener granos expresivos, mayor complejidad en taza y perfiles adaptables a diversas preparaciones, diversificando descriptores y sensaciones en boca.
¿Qué desafíos y oportunidades enfrentan como jóvenes que permanecen en el campo?
El mayor desafío es romper la idea de que el campo no es un lugar de futuro. Apostar por el origen implica enfrentar brechas tecnológicas, falta de infraestructura, inseguridad y una cadena comercial que no siempre reconoce el valor del productor. Pero la oportunidad es enorme: la nueva generación puede conectar sus raíces con el mundo. Hoy podemos contar nuestra historia directamente al consumidor, generar valor desde la finca y construir modelos más justos y sostenibles. Syntropía nace de esa visión: la nueva generación no solo cultiva café, sino que crea cultura, impulsa innovación y mantiene viva una herencia que evoluciona.
¿Qué significa para ustedes llevar café colombiano a Madrid y cómo esperan que su llegada aporte visibilidad al origen?
Llegar a Madrid es un paso simbólico y estratégico. Es una ciudad de cultura, gastronomía e innovación, pero también un puente entre Europa y Latinoamérica. Para nosotros, llevar café colombiano es más que abrir mercado: es marcar un precedente para el relevo generacional, representar a pequeños productores, visibilizar una forma consciente de cultivar y mostrar que detrás de cada taza hay una historia. Buscamos construir un puente directo entre origen y consumidor a través de cafés de especialidad, experiencias sensoriales y una marca que narra un movimiento cafetero.
¿Qué debe entender un consumidor sobre la importancia del café colombiano para valorar el trabajo detrás de cada taza?
Debe entender que el café es más que una bebida: cada taza cuenta una historia. Colombia es un país cafetero construido a pulso, con familias que llevan generaciones perfeccionando el arte de cultivar, seleccionar y transformar cada grano. Detrás de cada cultivo hay más de tres años de trabajo, pasión, conocimiento heredado y un sueño que se repite generación tras generación.
La innovación surge por amor al oficio y por respeto al legado. Cuando eliges una taza de café colombiano, eliges dignidad para el productor, conservación del ecosistema y continuidad cultural. Una taza de Syntropía es trazabilidad, calidad, pasión, relevo generacional y revolución.

José Antonio: Propietario de Furo Café
José Antonio es el fundador de Furo Café, un microtostadero ubicado en Barbastro (Huesca, España), surgido con el objetivo de ofrecer café de especialidad con identidad, frescura y contacto directo con el origen. Aunque Furo es una marca joven, José combina su experiencia en hostelería con su pasión por los cafés atemporales. Elige al café colombiano como pilar de su propuesta por su calidad, riqueza de perfiles y disponibilidad casi continua, lo que le permite ofrecer consistencia tanto a nuevos consumidores como a entusiastas del café de especialidad. Su trabajo busca mantener la fidelidad al perfil sensorial colombiano, garantizando un producto accesible pero con carácter.
Como marca nueva, ¿qué elementos del café colombiano te parecieron esenciales para construir tu propuesta dentro del mercado de especialidad?
El café de Colombia es bandera. Cuando comienzas con una marca que nadie conoce, debes asegurarte de que tu producto hable por sí solo. Colombia te ofrece cafés de casi todas las variedades y de excelente calidad durante casi todo el año, lo cual es fundamental para mantener consistencia como tostador.
¿Qué buscas en un café colombiano cuando compras en origen o a importadores: perfil, historia, proceso o consistencia?
Aquí se mezclan varias cosas: el “toc” personal por ciertas variedades, procesos o preferencias, y al mismo tiempo las demandas del público. Es una lucha encarnizada entre lo que uno quiere y lo que el cliente pide. Al final suele ganar el sentido común y busco un equilibrio entre variedad, proceso y precio por kilo. Ese equilibrio es fundamental para crecer de forma orgánica y saludable.
¿Cómo explicas a tus clientes la importancia del café colombiano cuando lo incorporas a tu línea de productos?
Cuando alguien viene al tostadero y pide consejo, uso la misma técnica: les pregunto si quieren ese café con el que te levantas y la casa huele a café recién hecho, ese olor que todos tenemos en la cabeza. Pues eso te lo da un buen café de Colombia. El café colombiano tiene tantos matices que puedes ofrecer opciones tanto a personas que nunca han probado especialidad como a los heavy users.
¿Qué retos has encontrado al tostar café colombiano y qué aprendizajes te ha dejado frente a otros orígenes?
El reto es mayor cuando trabajas con algo que la gente conoce, porque tiene con qué comparar. Si te desvías un poco, se nota rápido. Ser fiel a los perfiles colombianos es fundamental para mantener esa memoria sensorial en el consumidor. No es que sea más difícil que otros orígenes, pero requiere un mimo especial para mantener la fidelidad.
¿Por qué consideras que el café colombiano es una base sólida para marcas nuevas que buscan credibilidad en especialidad?
Porque la riqueza sensorial del café colombiano no es fácil de encontrar en otros orígenes. Es versátil y te permite tener un abanico amplio para comenzar con un producto que será del agrado de cualquier público. Además, hay productores que se adaptan muy rápido a las demandas del mercado e incorporan tecnología, control de fermentaciones e infraestructura moderna.
Varietales del café colombiano: diversidad genética que define un origen
Colombia es uno de los países con mayor diversidad genética de café arábica en el mundo, resultado de su geografía, sus pisos térmicos y la adaptación de variedades introducidas desde finales del siglo XIX. Esa variedad botánica sostiene la riqueza sensorial que tostadores y baristas valoran globalmente. Entre los varietales más representativos se encuentran:
Caturra
Originado como una mutación natural del Bourbon, llegó a Colombia en la primera mitad del siglo XX. Se adaptó excepcionalmente al país por su porte bajo, productividad alta y uniformidad. Es uno de los varietales más cultivados y ofrece perfiles equilibrados, con acidez media-alta, dulzor limpio y notas cítricas o caramelizadas.
Castillo
Desarrollado por Cenicafé y lanzado en 2005, fue creado para resistir la roya sin comprometer calidad. Aunque nació como respuesta agrícola, hoy es uno de los varietales clave del país por su productividad y estabilidad. Puede ofrecer tazas brillantes con acidez jugosa y un cuerpo redondo.
Bourbon
De origen ancestral, es uno de los varietales más apreciados por su dulzor natural. En Colombia se cultiva principalmente en zonas altas, donde desarrolla perfiles florales, notas a frutas rojas y una acidez viva. Su producción es menor, pero su valor en taza lo hace atractivo en cafés de especialidad.
Typica
Fue uno de los primeros varietales introducidos en Colombia y marcó la expansión inicial del cultivo. Aunque hoy su presencia es menor por su baja productividad, continúa siendo un varietal histórico con perfiles suaves, limpios y de una elegancia clásica.
Varietales exóticos y microlotes
En los últimos 15 años, Colombia ha incorporado varietales como Geisha, SL28, Bourbon rosado, Wush Wush, Laurina y Maragogipe. Aunque representan un volumen muy pequeño, han impulsado la innovación genética, los procesos diferenciados y la competitividad internacional, especialmente en competencias y subastas.
Historia del café colombiano: Una construcción agrícola, social y cultural
La historia del café colombiano está ligada a la transformación económica del país y al desarrollo de su identidad rural. Aunque los primeros registros de plantas de café en territorio colombiano datan del siglo XVIII, el cultivo comenzó a consolidarse en el siglo XIX, cuando pequeños productores empezaron a sembrar en zonas montañosas aptas para el arábica.
A principios del siglo XX, Colombia ya se perfilaba como un gran productor mundial gracias a un modelo agrario particular: pequeñas y medianas fincas familiares, no grandes haciendas. Este sistema generó una cultura cafetera basada en la transmisión generacional del conocimiento y en la “economía del cuidado” hacia la planta y la tierra. En 1927, los caficultores fundaron la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), institución que fortaleció la investigación, la infraestructura y la exportación del café colombiano, al tiempo que creó una imagen poderosa del país como productor de café suave y de calidad.
Durante décadas, Colombia se posicionó como referente del arábica lavado, reconocido por su consistencia, su acidez limpia y su trazabilidad. A finales del siglo XX y principios del XXI, el país enfrentó retos climáticos, plagas y fluctuaciones de precios, lo que impulsó una etapa de renovación varietal, investigación genética y tecnificación del proceso productivo.
Hoy, Colombia vive una nueva etapa marcada por micro lotes, procesos experimentales, varietales exóticos, denominaciones regionales y una conexión más directa entre productor, tostador y consumidor. Este renacer ha permitido que el café colombiano no solo destaque por volumen, sino por calidad, diversidad y capacidad de innovación sensorial y agrícola.
Preguntas y respuestas rápidas
¿Qué hace que el café colombiano sea tan valorado en el mercado internacional?
Su consistencia, su diversidad de perfiles y la tecnificación agrícola que permite producir cafés estables, limpios y altamente competitivos.
¿Por qué tantos tostadores en Europa comienzan sus líneas con café colombiano?
Porque ofrece variedad genética, disponibilidad casi todo el año y perfiles que gustan tanto a consumidores principiantes como a expertos.
¿Qué impacto han tenido los nuevos procesos y fermentaciones en el café colombiano?
Han ampliado el rango sensorial del país, desde perfiles clásicos hasta propuestas más complejas y experimentales sin perder identidad.
¿Cuál es el principal reto del café colombiano en los próximos años?
Mantener la rentabilidad del productor y facilitar el relevo generacional mientras se sostiene la calidad frente a un mercado más exigente.
¿Qué debe saber un consumidor para valorar realmente una taza de café colombiano?
Que detrás hay años de trabajo, conocimiento familiar, innovación en finca y un ecosistema rural que depende de prácticas sostenibles.
Nota:
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