Café venezolano: Desafíos, mercado y el futuro del origen

Enrico: «Mi visión es que el café venezolano tiene que pasar de ser “exótico” a ser serio. Y serio significa: calidad, repetición, disponibilidad y profesionalismo.»

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El café venezolano ocupa un lugar particular dentro de la historia del café en América Latina. Durante el siglo XIX, Venezuela llegó a posicionarse entre los principales exportadores del mundo, con una producción que marcó la economía agrícola del país y alimentó mercados en Europa y Norteamérica. Con el paso de las décadas, el desarrollo de la industria petrolera desplazó gran parte de esa estructura productiva, lo que redujo la presencia del origen venezolano en el comercio internacional. Sin embargo, en los últimos años ha surgido un renovado interés por entender qué está ocurriendo realmente con el café de Venezuela, tanto en finca como en el mercado global.

Hoy, hablar de café venezolano implica analizar un sector que intenta reconstruir su competitividad en condiciones complejas. Los productores enfrentan limitaciones estructurales que van desde la falta de financiamiento hasta la dependencia de fertilizantes importados y la escasez de tecnología en origen. A pesar de ese contexto, diversas fincas han comenzado a introducir mejoras técnicas en procesos clave como el secado, el control de calidad y la selección de variedades adaptadas a diferentes altitudes. Estas decisiones influyen directamente en la consistencia del producto y en la posibilidad de competir en mercados que exigen trazabilidad, estabilidad y calidad sensorial.

Al mismo tiempo, el mercado internacional ha cambiado. Para compradores, tostadores y traders, la decisión de incorporar un origen no depende únicamente de la historia o la narrativa que lo rodea. Factores como la continuidad de la oferta, la confiabilidad logística y la consistencia en taza se han convertido en criterios centrales dentro de la cadena de suministro del café de especialidad. En ese escenario, el desafío para el café venezolano consiste en pasar de ser un origen curioso o exótico a consolidarse como una propuesta seria dentro del mercado global.

Este reportaje reúne la visión de productores, traders y profesionales del sector para analizar el estado actual del café venezolano. A través de sus testimonios se exploran los desafíos técnicos en finca, las decisiones comerciales que influyen en el mercado y las condiciones necesarias para que este origen recupere una presencia estable en la industria internacional del café.

Gustavo de curador y el café venezolano

Gustavo Martín / COO Curador Coffee

Como catador y trader, ¿qué características reales distinguen hoy al café venezolano cuando lo evalúas en mesa frente a otros orígenes latinoamericanos?

Es un origen muy peculiar que lleva muchos años sorprendiéndome a nivel sensorial. Sus características varían mucho entre regiones de Venezuela. Un café cultivado en Los Altos Mirandinos, donde está ubicada nuestra hacienda aliada Agua Fría Coffee, puede ser radicalmente diferente a un café cultivado en Mérida, incluso cuando se trata de la misma variedad.

Desde el punto de vista sensorial, ¿existe un perfil que identifique al café venezolano o todavía estamos en un proceso de construcción de identidad?

Me inclinaría a decir que, a día de hoy, en el café de especialidad la identidad se ha ido construyendo en los últimos quince años con mucho esfuerzo de profesionales que apostamos, cada uno, con lo que pudo. En los últimos tres años esa identidad ha sido retratada con más fuerza y ha recibido mayor reconocimiento público por parte de medios e instituciones importantes.

Si hablamos del café venezolano en general, en 1919 fuimos uno de los países que más exportó antes de tener una economía dependiente de los hidrocarburos. Ahí hay otra historia diferente.

Cuando trabajas con café venezolano, ¿qué retos técnicos encuentras con mayor frecuencia en el tueste para preservar su calidad en taza?

La falta de inversiones importantes en equipos y tecnología en origen es un factor clave que limita la calidad que podríamos obtener. Con inversión en medidas preventivas y correctivas en procesos como la selección y el beneficio, la calidad podría dar un salto enorme.

En tu experiencia comercial, ¿qué tan preparado está el café venezolano para competir en mercados internacionales sin depender del relato histórico?

Me remito a la pregunta anterior. Estaremos preparados cuando la inversión en origen alcance niveles similares a los de países vecinos clave como Colombia o Brasil, aun así, en la actualidad me sorprende lo que se está logrando a nivel de calidad con recursos muy limitados.

¿Cómo influye el manejo del agua para café en la percepción final del café venezolano cuando se presenta en contextos profesionales como catas o ferias?

Influye muchísimo. El agua es un factor clave en contextos profesionales de cata y en cualquier medición de calidad.

Desde tu rol como formador, ¿qué debería entender primero un consumidor europeo para valorar correctamente el café venezolano?

El entendimiento pasa directamente por vencer ciertos sesgos cognitivos. Un Geisha de Venezuela no sabrá igual que un Geisha de Panamá o de Colombia.

Cuando el consumidor entiende que el contexto natural de cada región del mundo es único y que eso moldea lo que percibimos en una misma variedad, ya tenemos un gran punto de partida para valorar lo demás.

Como trader, ¿qué tendría que cambiar —a nivel técnico y estructural— para que el café venezolano deje de ser una promesa y se convierta en una oferta sólida y constante?

Diría que todavía hay mucho por hacer. Se requieren más formadores, más personal técnico y más inversores que apuesten por fortalecer la cadena de valor.

Debe existir mayor acceso a tecnología en las zonas de cultivo. Y sin olvidar algo fundamental: El café es un vehículo de movilidad social para muchas familias.

CEO de Curador venta de café verde café venezolano

Enrico Scuratti / CEO Curador Coffee

¿Qué cambios estructurales reales has visto en el mercado del café y cuáles son solo modas?

En el café se confunde mucho “tendencia” con “cambio estructural”. Para mí, los cambios estructurales son aquellos que alteran cómo se compra, cómo se vende y cómo se gestiona el riesgo.

Cambios reales (estructurales):

La compra se ha convertido en un ejercicio de confianza y gestión de riesgo, no solo de sabor. Hoy el tostador y el comprador profesional necesitan previsibilidad: cumplimiento, continuidad, trazabilidad, consistencia sensorial y capacidad de respuesta. La taza sigue siendo el corazón, pero la decisión de compra se parece cada vez más a una decisión de cadena de suministro.

El mercado está elevando el estándar operativo. Documentación, certificaciones, compliance, trazabilidad, control de defectos, logística, contratos, análisis físico y sensorial… todo eso antes era “para grandes”. Hoy se ha convertido en parte del mínimo viable para escalar.

La distribución se ha multiplicado y eso reconfigura el juego. DTC, suscripciones, oficinas, hotelería, retail gourmet, vending premium, alianzas con marcas… ya no existe una única ruta. Esto abre oportunidades, pero hace que el marketing sea más caro y la ejecución más exigente.

Lo que tiende a ser moda:

La obsesión por lo extremo como sustituto de estrategia: procesos “wow”, microlotes hiper raros, narrativas más grandes que el producto. Eso sirve para generar atención y PR, pero no necesariamente construye un negocio repetible.

El storytelling aspiracional sin evidencia. En un mercado maduro, lo que no se puede verificar se desgasta rápido. Hoy el comprador está saturado de historias. La estética como identidad. La marca importa, pero si detrás no hay consistencia ni capacidad de entrega, la estética se convierte en maquillaje.

¿Dónde crees que falla el marketing del café de especialidad cuando intenta posicionar cafés latinoamericanos en Europa?

Yo no lo veo tanto como una “falla”, sino como una dilución. Y esa dilución hace que el costo de llegar al cliente sea altísimo.

¿Por qué se diluye?

Latinoamérica es enorme y diversa. Cuando intentas vender “Latinoamérica” como categoría, terminas compitiendo con todo y contra todos: Colombia, Brasil, Perú, Centroamérica… Cada país ya tiene su narrativa, su historia y su infraestructura comercial. Si no tienes un ángulo muy claro, terminas siendo ruido en un océano de ruido.

Europa está saturada de mensajes y propuestas, y el comprador profesional tiene filtros muy duros: consistencia, riesgo, precio relativo, confiabilidad, capacidad logística, cumplimiento y reputación. En la práctica, “café latinoamericano de especialidad” suena bien, pero es demasiado amplio para generar diferenciación inmediata.

El CAC (costo de adquisición) se dispara porque el marketing intenta compensar lo que debería resolver el sistema: confiabilidad, repetibilidad, continuidad de oferta y claridad comercial. Cuando eso no está resuelto, necesitas más contenido, más ferias, más visitas y más “evangelización”. Y eso es caro.

Ahora bien, esto no significa que no sea viable. Para nosotros sí es viable hablar de cafés latinoamericanos, precisamente por una razón: las sinergias.

La sinergia se logra cuando no vendes “LatAm” como un concepto abstracto, sino como un portafolio curado y operable:

  • Que comparte estándares de calidad y control.
  • Una forma consistente de comprar y entregar.
  • Un marco de trazabilidad y cumplimiento.
  • Y una propuesta clara para el comprador: Menos fricción, menos riesgo y mejor consistencia.

En otras palabras, cuando Latinoamérica deja de ser storytelling y se convierte en un sistema de abastecimiento y ejecución.

Desde una visión empresarial, ¿qué errores siguen repitiendo los proyectos de café que quieren crecer rápido?

El error más común es que confunden crecer con moverse. Venden más, pero no construyen una base sólida. Y ahí aparece un patrón peligroso: muchos proyectos empiezan en especialidad y terminan vendiendo commodity, aunque no lo digan así.

¿Cómo ocurre esto?

Pierden consistencia. Cuando un proyecto crece sin sistema, cada lote se vuelve una sorpresa. El tostador deja de confiar. Y si el tostador no confía, solo compra por precio.

La consistencia es un activo comercial, pero muchas veces se trata como un detalle técnico. En realidad, la consistencia es lo que permite repetir ventas, sostener el precio y defender el margen.

Escalan volumen antes de dominar el control. Sin protocolos de calidad, sin lotes definidos, sin contratos claros, sin logística predecible y sin capacidad de reacción. Entonces el negocio empieza a “llenar huecos” para cumplir: cambia cafés, baja estándares e improvisa. Eso reduce el valor percibido.

Comoditizan su propia propuesta. Al principio tienen identidad: “somos esto”. Luego aparece la presión por vender y empiezan a decir: “también hacemos esto otro”. El mercado lo traduce rápidamente: “son un trader más”. Y un trader sin escala compite en el peor lugar: el precio.

La trampa es clara: Si no puedes garantizar consistencia, tu única palanca es el precio. Y en café, competir por precio sin escala es una carrera hacia abajo.

Para crecer rápido sin convertirse en commodity, la prioridad debería ser:

sistema de consistencia → repetición → reputación → expansión.

No al revés.

Lo que necesitas hacer antes de abrir una cafetería

¿Qué papel juega hoy la educación del consumidor en la viabilidad comercial del café venezolano fuera del país?

La educación ayuda, pero no puede ser la base del modelo. La educación es lenta y cara si intentas usarla como motor principal.

El café venezolano se vuelve viable fuera del país cuando se cumplen tres condiciones:

  • la taza confirma la promesa: calidad real, no solo historia.
  • la oferta es repetible: que el tostador pueda planificar y el consumidor pueda volver a comprar.
  • el riesgo está gestionado: logística, cumplimiento, continuidad y confianza.

En ese punto, la educación se vuelve poderosa porque cumple dos funciones:

  • Aumenta el valor percibido, lo que permite defender el precio.
  • Convierte la curiosidad en hábito, que es la verdadera victoria comercial.

El objetivo no es educar para convencer, sino educar para hacer familiar el origen, para que deje de ser una rareza y pase a ser un origen confiable que la gente busca.

En un mercado saturado de historias, ¿cómo se construye confianza real alrededor de una marca de café y, en especial, del café venezolano?

La confianza hoy es un activo escaso y se construye con evidencia, no con emoción.

Yo lo veo en tres capas:

  • Capa 1: cumplimiento. Entregas a tiempo, café estable, información clara y sin sorpresas.
  • Capa 2: consistencia. El café se comporta de forma similar en el tueste y en la taza dentro de un rango razonable.
  • Capa 3: transparencia. No solo decimos, mostramos: trazabilidad, lotes, metodología de selección, criterios de compra y claridad sobre quién gana qué en la cadena.

En el caso del café venezolano existe un desafío adicional: la percepción de riesgo país. Por eso la confianza se construye cuando el comprador siente que existe un operador que absorbe la complejidad y ofrece una experiencia de compra “normal”, incluso cuando el origen es complejo.

La marca se vuelve creíble cuando el cliente piensa:
“Esto no depende de suerte, depende de proceso.”

¿Crees que Europa valora el café venezolano por su calidad o por su narrativa?

Europa entra por la narrativa, pero se queda por la calidad y la consistencia.

La narrativa abre puertas porque Venezuela es un origen menos común, lo que genera curiosidad. Pero Europa es un mercado muy exigente: si el café no es consistentemente bueno y no existe continuidad, se convierte en una compra puntual y no en una relación comercial.

Mi visión es que el café venezolano tiene que pasar de ser “exótico” a ser serio. Y serio significa: calidad, repetición, disponibilidad y profesionalismo.

A futuro, ¿qué debería priorizar un proyecto como Curador: volumen, identidad o consistencia?

Si tengo que escoger un orden, lo diría así:

Consistencia. Porque es la base de la confianza comercial. Sin consistencia, el volumen rompe el sistema y la identidad se convierte en discurso.

Identidad. Porque evita competir por precio y ayuda a construir un lugar claro en la mente del comprador y del consumidor.

Finca de café en los altos mirandinos café venezolano

José Tomás Carrillo-Batalla y José “Cheo” Gutiérrez Agua Fría Coffee, Quadro Café y Asociación Triángulo de Mocotíes

Desde su experiencia en finca, ¿cuál es hoy el mayor desafío técnico del cultivo de café en Venezuela, más allá del discurso político o económico?

Desafíos técnicos y económicos

El mayor reto es la fertilización. Actualmente no existe una marca nacional de fertilizantes capaz de cubrir las necesidades del sector, por lo que muchos productores dependen de insumos importados, como los de la marca Yara (provenientes de Monómeros), que resultan extremadamente costosos.

A esto se suma la inconsistencia en la calidad de los insumos disponibles en el mercado. En muchos casos los productores se enfrentan a fertilizantes de baja calidad o a precios prohibitivos, lo que termina afectando directamente la salud del cultivo.

Otro problema importante es la ausencia de financiamiento. Hoy muchos caficultores trabajan sin acceso a capital externo, por lo que deben financiar de su propio bolsillo las semillas, los fertilizantes y los insumos básicos para sostener la producción.

Se habla mucho de nuevas tendencias en café, pero pocas llegan al origen. ¿Qué innovaciones reales han podido aplicar o evaluar en su producción?

Innovación en el origen

En los últimos años se han producido cambios importantes en los métodos de secado. Muchas fincas han pasado de sistemas industriales tradicionales a modelos más controlados como patios de secado, invernaderos y, especialmente, camas africanas.

En el caso de la finca Agua Fría, se utiliza el sistema de camas africanas para optimizar el espacio y mantener un control técnico más riguroso de variables como la ventilación y la temperatura durante el proceso de secado.

¿Qué variedades o procesos creen que podrían redefinir la percepción del café venezolano si existiera una estructura comercial más sólida?

Variedades y perfil de taza

La variedad Villanueva se perfila como una de las más prometedoras para combinar volumen comercial con buena calidad en taza, alcanzando puntuaciones entre 82 y 84 puntos. Su ventaja es su capacidad de adaptación a distintas altitudes, desde los 1.000 hasta los 2.000 metros.

En la región andina, especialmente en Mérida, destacan variedades como INEA y Monteclaro, que tienen una presencia importante en la producción local.

En el oriente del país, Caripe continúa siendo un referente histórico dentro de la tradición cafetalera venezolana.

Drip bag café venezolano

¿Cómo equilibran la experimentación con la necesidad de producir un café consistente y viable económicamente?

Estrategia de producción

Después de experimentar con distintos procesos y fermentaciones, la estrategia actual se centra en los cafés lavados finos. Este proceso ofrece mayor consistencia en taza, eficiencia operativa y una viabilidad económica más clara cuando se trabaja con volúmenes de producción más amplios.

¿Qué tanto influyen hoy los compradores internacionales en las decisiones que se toman en finca?

Mercado internacional y exportación

El mercado internacional influye directamente en las decisiones de venta. Los precios de referencia de la bolsa de Nueva York afectan el momento en que los productores deciden comercializar su café. En el contexto actual, muchos tenedores están reteniendo inventario a la espera de mejores precios.

Al mismo tiempo, existe preocupación por la imagen del café venezolano en el exterior. Algunos exportadores han incumplido estándares de calidad o tiempos de entrega, lo que afecta la percepción del origen. Por ello, los productores insisten en la necesidad de mantener consistencia y profesionalismo para no perjudicar la reputación del país.

Mirando a cinco años, ¿cómo imaginan el estado del café venezolano si se mantienen —o cambian— las condiciones actuales?

Perspectivas a cinco años

Los productores observan señales de crecimiento, especialmente tras la liberación de precios y el fin del monopolio estatal en la comercialización. En regiones como los Andes y Lara se percibe un proceso que muchos describen como una nueva etapa de desarrollo para el sector.

Según los voceros de Agua Fría Coffee y de la Asociación Triángulo de Mocotíes, la producción de café en Venezuela podría duplicarse en los próximos años, impulsada por la inversión en nuevas plántulas y la expansión de áreas cultivadas.

Saber más sobre el café de especialidad

Preguntas rápidas

¿Qué es el café venezolano?

El café venezolano es el café cultivado en regiones montañosas de Venezuela como Mérida, Táchira, Lara o Trujillo, zonas con altitud y clima adecuados para producir cafés arábica con perfiles dulces y equilibrados.

¿Por qué el café venezolano fue importante en el mercado mundial?

Durante el siglo XIX, el café venezolano se convirtió en uno de los principales productos de exportación del país y tuvo gran presencia en mercados europeos y norteamericanos.

¿Dónde se produce el café venezolano?

El café venezolano se cultiva principalmente en la Cordillera de los Andes y en regiones como Mérida, Táchira, Trujillo, Lara y Portuguesa, zonas con altitudes ideales para café arábica de calidad.

¿Qué características tiene el café venezolano?

El café venezolano suele presentar perfiles equilibrados, con buena acidez, dulzor natural y notas que pueden recordar al chocolate, frutos secos o caramelo, según la región y el proceso.

¿El café venezolano puede competir en el mercado de especialidad?

Sí. El café venezolano tiene condiciones geográficas y climáticas que permiten producir cafés de especialidad. Productores y tostadores trabajan actualmente para recuperar su presencia en el mercado internacional.

Nota:

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