Ricardo y la responsabilidad de continuar una historia familiar que comenzó hace más de un siglo.

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ToggleEn Boquete, algunas fincas no pueden entenderse únicamente desde el café que producen. Su historia también está construida sobre las generaciones que han aprendido a trabajar la tierra, conservar conocimientos y tomar decisiones pensando en quienes vendrán después. Café Gran Del Val forma parte de esa historia familiar y hoy está en manos de Ricardo, representante de la cuarta generación de una finca con más de 100 años de trayectoria.
Para Ricardo, recibir este legado implica mucho más que mantener una producción. Existe una responsabilidad con quienes estuvieron antes, pero también con las generaciones que todavía no han llegado. El trabajo familiar, la honestidad y el compromiso con hacer las cosas correctamente son principios que han acompañado a la finca y que ahora deben convivir con una industria cafetera que cambia constantemente.
Gran Del Val también ha tenido que adaptarse. La incorporación de nuevas variedades, entre ellas el Geisha y el Java, responde a un mercado que busca perfiles diferentes, mientras los cafés que forman parte de la historia de la finca continúan ocupando un lugar importante. Esa combinación entre evolución y permanencia define buena parte de la visión actual de Ricardo.
Su mirada también se extiende más allá de la producción. Considera fundamental que quienes visitan Boquete conozcan lo que existe detrás de una taza: el trabajo en el campo, los procesos, las personas y las condiciones que hacen posible que un café llegue al consumidor. Por eso, la educación ocupa un lugar importante dentro de la experiencia que busca ofrecer.
En esta entrevista, Ricardo habla sobre el peso de pertenecer a una cuarta generación cafetera, las variedades que podrían tener un papel importante en el futuro de Panamá, el consumo nacional y la responsabilidad de construir un legado que no solo preserve lo recibido, sino que permita seguir mejorándolo.
Después de más de 100 años de historia, ¿qué principios consideras que han permitido que Café Gran Del Val mantenga su estirpe generacional, generación tras generación?
Creo que lo más importante han sido los valores familiares que se han transmitido de generación en generación: el trabajo arduo, la honestidad y el compromiso con hacer las cosas bien. Son principios que recibí de mi abuelo y de mis padres, y que ahora también intento transmitirle a mi hijo y a quienes formen parte de la finca en el futuro.
Para nosotros es importante mantener las buenas costumbres y las prácticas que se han construido a lo largo de los años, pero también entender que cada generación tiene la responsabilidad de mejorarlas. Ese es precisamente el valor de un legado, recibir algo que otros construyeron con mucho esfuerzo y tener el compromiso de no dejarlo caer.
Cuando uno recibe una finca con más de un siglo de historia, también siente esa responsabilidad. Uno piensa: tengo que continuar el negocio, tengo que mejorar, tengo que respetar las buenas prácticas y seguir aprendiendo. No puedo dejar mal a quienes hicieron tanto esfuerzo antes que nosotros.
Cada finca desarrolla una forma particular de trabajar el café. ¿Qué crees que distingue hoy a Gran Del Val dentro del café de especialidad?
Creo que es una combinación de muchos factores y, sobre todo, del cuidado que ponemos en cada etapa, desde que sembramos hasta que el café llega a la taza.
Buscamos garantizar que cada café de especialidad esté bien trabajado, correctamente seleccionado y procesado, cuidando cada uno de los pasos que intervienen en el resultado final. Para mí, es un trabajo que va de la A a la Z, y cada etapa debe hacerse con rigurosidad y constancia.
Si uno falla en alguno de esos procesos o comienza a trabajar de manera descuidada, tarde o temprano eso se refleja en la taza. Al final, el consumidor tiene muchas opciones y nosotros tenemos que darle razones para querer volver a tomar Gran Del Val.
Panamá tiene cafés extraordinarios y nuestra región produce algunos de los mejores cafés del mundo. Por eso hay que trabajar duro y dar lo mejor que uno puede para que el consumidor valore el café y quiera repetir la experiencia.
¿Cómo ha evolucionado la finca para responder a las nuevas demandas del mercado sin perder la esencia que la caracteriza?
Creo que hemos sabido encontrar un balance. Durante muchos años no cultivábamos Geisha, por ejemplo, y en 1999 comenzamos con las primeras plantaciones. Desde entonces nos hemos ido adaptando a los cambios del mercado y hemos incorporado variedades que nos permiten explorar nuevos perfiles y responder a diferentes gustos.
Sin embargo, eso no significa dejar de lado nuestros cafés tradicionales. Seguimos trabajando con variedades que han sido parte de nuestra historia, como Caturra y Catuai Amarillo, y ahora también con Java.
La idea es ampliar nuestra rueda de sabores y ofrecer diferentes posibilidades sin perder la identidad que hemos construido durante generaciones. Adaptarse es importante, pero también lo es saber qué elementos forman parte de la esencia de una finca y conservarlos.

Cuando un visitante recorre Gran Del Val, ¿qué experiencia esperas que se lleve más allá de probar una buena taza de café?
Espero que se lleve mucha educación y que pueda entender todo lo que existe detrás de una taza de café. Desde sembrar la planta, cuidarla, abonarla y cosecharla, hasta procesar, secar, seleccionar y tostar el café. Cada uno de esos pasos influye en el resultado final.
Cuando una persona conoce todo ese proceso, empieza a comprender por qué un café puede ser diferente de otro y cuál es la diferencia entre un café comercial y uno de especialidad.
He tenido visitantes que después de conocer la finca me han dicho, “Ricardo, esta es la primera vez en mi vida que puedo tomarme un café negro sin agregarle nada”. Y eso para mí es muy significativo.
Un buen café de especialidad puede disfrutarse solo, porque tiene sus propios atributos, dulzor y características. No necesitas agregarle leche, azúcar o crema para encontrarle valor. El café ya tiene algo que contar; hay que aprender a reconocerlo y disfrutarlo.
Más allá del Geisha, ¿qué variedad consideran que tiene mayor potencial para representar el futuro del café panameño?
Es una pregunta interesante, porque las variedades también han ido marcando tendencias según lo que buscan los compradores y lo que los productores van descubriendo. Hubo un momento en que los Pacamara tuvieron mucha atención y actualmente variedades como la SL28 están despertando gran interés.
En nuestro caso, estamos apostando por el Java. Creo que es un café muy complejo, con raíces genéticas relacionadas con el Geisha, que tiene mucho potencial para ofrecer un perfil diferente, exótico y de especialidad, especialmente cuando se cultiva en altura.
No creo que el Java tenga que competir con el Geisha ni tratar de reemplazarlo. El Geisha es el Geisha. Lo que buscamos es que existan otras variedades capaces de ocupar un espacio propio y permitir que los consumidores descubran diferentes expresiones del café panameño.
¿Qué importancia tiene el agua dentro de la preparación de un café de especialidad y por qué considera que sigue siendo un tema poco comprendido?
El agua es fundamental. Utilizar agua directamente del grifo para preparar un filtrado, por ejemplo, puede afectar considerablemente el resultado, porque el cloro, los minerales y otros componentes pueden alterar los atributos que queremos encontrar en el café.
Por eso es importante trabajar con un agua adecuada, equilibrada y libre de impurezas que puedan interferir con la taza. Nosotros utilizamos agua de manantial para preparar nuestros cafés, buscando que sea lo suficientemente neutra para mantener el balance y permitir que se expresen sus características.
Es un tema que cada vez se estudia más y sobre el que existen diferentes recomendaciones relacionadas con la composición mineral y el pH. Pero lo fundamental es entender que el agua forma parte de la receta y que una mala elección puede afectar directamente el resultado.
Hay que tener mucho cuidado con el agua que utilizamos para preparar el café, porque puede terminar dañando una taza que estaba bien trabajada desde el origen.

En los últimos años, los creadores de contenido han adquirido un papel importante en la cultura cafetera. ¿Consideras que este contenido ayuda a fortalecerla o existe el riesgo de simplificar un trabajo de tanta complejidad?
Creo que puede ocurrir ambas cosas. Por un lado, el contenido que se genera en redes sociales ha aportado mucho conocimiento y educación sobre el café de especialidad. Ha permitido que más personas se acerquen a este mundo y que el interés por el café siga creciendo.
Pero también existe el riesgo de que algunas personas hablen más de lo que realmente conocen o que un café termine siendo presentado de una manera que no necesariamente corresponde con lo que ofrece.
Las redes tienen ese poder: pueden alabar o cuestionar un café con mucha rapidez, y en algunos casos hacerlo de manera injusta, tanto positiva como negativamente. Por eso creo que es importante encontrar un balance y entender la responsabilidad que implica comunicar sobre un producto que tiene detrás tanto trabajo.
¿Cómo podemos aumentar el consumo de café panameño entre los propios consumidores del país?
Creo que la educación es una de las claves. Panamá es un país productor muy particular: producimos relativamente poco café, pero tenemos un producto de altísimo valor gracias a nuestras tierras, microclimas y condiciones de cultivo.
En nuestro caso, hemos visto cómo el café tostado para el mercado nacional ha ido creciendo y nos enorgullece que los consumidores lo estén aceptando cada vez más. Lo mismo está ocurriendo con otras marcas.
Necesitamos que más personas comiencen a probar cafés de especialidad, que aprendan a reconocer sus diferencias y que entiendan por qué un café puede tener un valor distinto a otro.
También sería importante incentivar la producción nacional para depender menos de cafés importados. Cuando un consumidor conoce el trabajo, el tiempo y todos los procesos que existen detrás de un café panameño, empieza a comprender mejor su valor y la diferencia que puede encontrar en la taza.
¿Qué debería conocer cualquier persona que visite Boquete para comprender realmente por qué Panamá se ha convertido en una referencia mundial del café?
Boquete lo tiene todo. Tenemos café, naturaleza, diferentes microclimas y alturas, dos parques nacionales y una gran variedad de actividades para quienes buscan aventura o simplemente disfrutar del entorno.
También tenemos una gastronomía que ha crecido muchísimo, buenos hoteles y distintas opciones de alojamiento. Es un destino muy completo, capaz de recibir a personas de diferentes edades e intereses.
Pero creo que para comprender realmente el café panameño hay que conocer el territorio. Hay que recorrer las fincas, entender las condiciones en las que se cultiva el café y ver cómo las características de cada zona terminan influyendo en lo que encontramos en la taza.

¿Cómo imaginas el consumo de café panameño dentro de los próximos cinco años?
Creo que existe una gran oportunidad para que el consumo nacional siga creciendo. Sería muy bueno que pudiéramos producir suficiente café para que una mayor parte de nuestra producción se quede en Panamá y los consumidores estén dispuestos a pagar precios justos por ella.
Hoy no producimos el volumen suficiente para cubrir todo el consumo nacional, por lo que necesitamos importar café. Eso es una realidad. Pero mientras más se desarrolle la producción y aumente el interés del consumidor por el café panameño, mayor será la oportunidad de construir un mercado interno sólido.
Para mí sería un orgullo que los panameños pudieran disfrutar cada vez más de nuestro propio café, pagando un precio justo que beneficie a toda la cadena.
¿Qué legado te gustaría dejar a las próximas generaciones de productores de Panamá?
Me gustaría dejar un legado basado en el equilibrio. Que el productor, el trabajador y el consumidor final puedan sentirse satisfechos con la relación que existe entre ellos.
Quiero sentirme orgulloso de la manera en que hacemos las cosas: cuidando el medio ambiente, ofreciendo buenas condiciones a nuestros trabajadores y produciendo un café que realmente le guste al consumidor.
Al final, uno de los mayores orgullos es ver que una persona vuelve a comprar tu café porque disfrutó la experiencia y reconoce su valor. Que esté dispuesta a pagar un poco más por un café de especialidad porque puede notar la diferencia en la taza.
Y creo que ahí también está la educación. Cuando una persona entiende lo que tiene delante, aprende a valorar el café de otra manera.
Preguntas y respuestas
¿Qué es Café Gran Del Val?
Café Gran Del Val es una finca cafetera familiar ubicada en Boquete, Panamá, con más de 100 años de trayectoria y actualmente administrada por la cuarta generación de la familia.
¿Qué variedades de café produce Gran Del Val?
Gran Del Val trabaja con diferentes variedades, entre ellas Caturra, Catuai Amarillo, Geisha y Java, buscando ofrecer distintos perfiles y ampliar la diversidad de cafés producidos en la finca.
¿Qué importancia tiene el agua en la preparación del café?
El agua puede modificar considerablemente el resultado de una taza. Una composición inadecuada puede alterar los atributos del café, por lo que es importante utilizar agua equilibrada y libre de elementos que interfieran con su perfil.
¿Qué busca ofrecer Gran Del Val a quienes visitan la finca?
La finca busca que los visitantes comprendan todo el trabajo que existe detrás de una taza de café, desde la siembra y el cuidado de las plantas hasta la cosecha, el procesamiento, la selección y el tueste.
¿Qué piensa Ricardo sobre el futuro del café panameño?
Ricardo considera que Panamá tiene una oportunidad importante en el crecimiento del consumo nacional y en el desarrollo de nuevas variedades, siempre acompañado de educación para que los consumidores comprendan y valoren mejor el café producido en el país.
Nota:
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