Claves, tendencias y aprendizajes que dejó Coffee Fest Madrid (2026)

Tabla de Contenido:
ToggleEl coffee fest Madrid (2026) permite observar con claridad cómo evoluciona un sector que, en los últimos años, ha crecido en visibilidad, pero que aún enfrenta desafíos importantes en términos de profesionalización, consistencia y formación técnica.
La relevancia del evento no radica únicamente en la cantidad de marcas, expositores o asistentes, sino en el tipo de conversaciones que se generan dentro del evento. A través de ponencias, mesas redondas y presentaciones, se evidencian tensiones reales del sector: la diferencia entre concepto y ejecución en cafeterías, la falta de sistemas claros en barra, el impacto de las redes sociales en la percepción del producto y la necesidad urgente de formar perfiles capaces de responder a un mercado cada vez más exigente.
En este contexto, el coffee fest Madrid (2026) funciona como un punto de encuentro entre distintos niveles de la industria. Desde productores y tostadores hasta baristas, formadores y emprendedores, todos convergen en un mismo espacio donde el café deja de ser solo una bebida para convertirse en una cadena de decisiones que impactan directamente en la experiencia final del consumidor.
Este artículo recoge algunos de los momentos y reflexiones más relevantes que dejó el coffee fest Madrid (2026), con foco en los temas que hoy definen el rumbo del sector: la calidad entendida como sistema, la formación como base del crecimiento y la necesidad de construir propuestas sostenibles más allá de la estética o la tendencia.

Generales:
Uno de los aspectos más relevantes de esta edición de Coffee Fest 2026 fue la dimensión operativa del evento y cómo esta se tradujo en una experiencia más estructurada para los asistentes. Según datos oficiales compartidos por la organización, el festival contó con la participación de 52 ponentes y 240 expositores, distribuidos entre tres escenarios principales, dos zonas de cupping y tres espacios de competencia.
La magnitud del evento no solo se reflejó en cifras, sino en la forma en la que se gestionó el flujo de personas y la disposición de los espacios. A nivel de recorrido, se percibió una mejora clara en comparación con ediciones anteriores: los pasillos mostraron una lógica más definida, lo que facilitó la navegación dentro del recinto y permitió una experiencia más fluida para el visitante.
Sin embargo, uno de los puntos a mejorar desde nuestro punto de vista es la enumeración dentro del mapa del evento. En ciertos casos, los saltos entre números generaban un poco de confusión al momento de ubicar stands específicos, obligando al visitante a reinterpretar el recorrido.
La cifra que termina de dimensionar el impacto del evento es contundente: 57.000 visitantes durante tres días. Un volumen que confirma el creciente interés por el café y posiciona al festival como un punto de encuentro relevante para profesionales y consumidores.

¿Cómo será tomar café en el futuro?
Una de las intervenciones más sólidas del evento estuvo a cargo de Jesús Salazar, fundador de Cafeología, quien llevó la conversación más allá de la taza para centrarse en un problema estructural dentro de la industria: La pérdida de sentido colectivo en el café.
Bajo la ponencia “¿Cómo será tomar café en el futuro?”, Salazar —médico, filósofo y profesional activo en distintas áreas del sector como la caficultura, la catación, la formación y el emprendimiento— planteó una idea directa: El café no tiene un problema de calidad, tiene un problema de desconexión.
Su análisis parte de una realidad observable en distintos niveles de la cadena. Por un lado, consumidores que no logran entender lo que están tomando y recurren a modificar la bebida con azúcar o leche. Por otro, baristas que ejecutan sin poder explicar el producto. Y, en el origen, productores que, incluso después de décadas de trabajo, no encuentran una relación clara entre su esfuerzo y el resultado final en taza.
La propuesta es clara: Construir un sistema donde todos los actores estén informados, representados y alineados con el resultado final. Un modelo donde la calidad no dependa únicamente del producto, sino de la coherencia de toda la cadena. Porque, como dejó claro durante su intervención, no basta con servir un buen café si el sistema que lo sostiene no funciona para todos.
Tecnología en el café:
Uno de los enfoques más relevantes dentro de la ponencia de Jesús Salazar giró en torno a una pregunta que, más que buscar una respuesta concreta, abre una reflexión estructural dentro de la industria: ¿cómo será tomar café en el futuro?
Lejos de plantear escenarios futuristas superficiales —como cápsulas, inhalación o nuevas formas de consumo—, su intervención se centró en identificar los factores reales que hoy están moldeando ese futuro. En ese análisis, la tecnología aparece como uno de los ejes principales.
Pensar en el futuro, explicó, implica inevitablemente pensar en tecnología. Desde la automatización en la preparación de café hasta el uso de inteligencia artificial para predecir perfiles sensoriales sin intervención humana, el avance tecnológico ya forma parte activa del presente. Hoy existen sistemas capaces de analizar un café a nivel físico-químico y estimar su calidad y perfil de sabor sin necesidad de catación. A esto se suma el uso de blockchain para generar nuevos modelos de negocio, así como la implementación de agricultura de precisión en países como Brasil, donde drones y procesos automatizados ya forman parte de la producción.
Sin embargo…
…el punto crítico de su planteamiento no está en la tecnología en sí, sino en su distribución y propósito. Salazar advierte que la mayoría de las innovaciones tecnológicas responden a intereses económicos y se desarrollan en contextos donde existe capacidad de inversión y mercado. Esto genera una desconexión evidente dentro del propio sistema del café.
Para ilustrarlo, expone un contraste contundente: Mientras en algunos países se desarrollan tecnologías avanzadas para optimizar procesos, en orígenes productores como Etiopía o México —donde existen millones de personas vinculadas al café— las herramientas de procesamiento siguen siendo prácticamente las mismas de hace décadas. En estos contextos, no solo hay una ausencia de innovación tecnológica local, sino también limitaciones estructurales que dificultan su desarrollo.
El resultado es un sistema desigual, donde el avance tecnológico no necesariamente beneficia a todos los actores de la cadena. Esta brecha plantea una preocupación de fondo: si el futuro del café se construye únicamente desde la lógica del mercado, existe el riesgo de profundizar aún más las diferencias dentro del ecosistema.
En este sentido, la reflexión de Salazar no es tecnológica, es estructural. El futuro del café no dependerá únicamente de qué tan avanzadas sean las herramientas, sino de cómo estas se integren de forma equitativa dentro de un sistema que hoy sigue fragmentado.

Las mejores de España y el mundo.
En esta edición del Coffee Fest pudimos identificar de forma directa cuáles son hoy algunas de las cafeterías que están marcando el estándar en España. Entre ellas, varias ya han pasado por el trabajo editorial de SugarMD, como Dosis Café, Norah Coffee & Brunch, Sula Espai Coffee y Masamune Coffee.
Más que una coincidencia, esto confirma que hemos estado conversando con proyectos que realmente están construyendo valor dentro de la industria: Cafeterías que no solo se enfocan en servir buen café, sino en formar a su equipo, desarrollar una propuesta clara de carta y, sobre todo, generar cultura alrededor de lo que el cliente consume. Hay una intención evidente de educar, de hacer más transparente la experiencia y de elevar el estándar del servicio.
En paralelo, el evento dejó otro punto clave sobre la mesa: el peso que está ganando Latinoamérica en el escenario global. La presencia de Alquimia Coffee dentro del top 3 mundial y de Tropicalia Coffee en el top 10 —siendo actualmente la número 1 de la región— no es un dato menor. Refleja que el liderazgo ya no se limita a mercados tradicionales, sino que se está redistribuyendo hacia propuestas que entienden el café desde el origen hasta la experiencia final en taza.
Lo interesante de este cruce es que permite leer con más claridad el momento actual del café de especialidad: Un sector donde España opera como un mercado altamente competitivo en consumo y ejecución, mientras Latinoamérica avanza con fuerza no solo desde la producción, sino desde conceptos de cafetería cada vez más sólidos y bien estructurados.
Del cafeto a la taza
Uno de los temas que también dejó reflexiones importantes durante el Coffee Fest (2026) fue la profesionalización del barismo y el papel de la formación dentro del crecimiento del sector. En la mesa redonda “Del cafeto a la taza. El máster del barismo más completo e inmersivo”, organizada por Cafés Guilis, participaron voces clave como Laura Morcillo y Fermín Román, quienes pusieron sobre la mesa una realidad que ya es evidente: El café dejó de ser un oficio improvisado para convertirse en una especialización con futuro.
Hoy, el mercado está demandando baristas preparados a un ritmo que supera la velocidad de formación. Mientras en países como Suiza los salarios pueden alcanzar cifras cercanas a los 75.000 euros anuales, en España el crecimiento aún está en proceso, con sueldos más bajos pero con una demanda creciente que abre oportunidades reales.
Desde iniciativas como MOM Culinary Institute —con presencia en Madrid, Málaga y Kioto— se está apostando por una formación más acelerada y alineada con lo que exige el mercado actual. Ya no se trata de “incubar” talento, sino de acelerarlo: Formar profesionales capaces no solo de trabajar en cafeterías, restaurantes u hoteles, sino también de emprender sus propios proyectos.
Lo interesante es cómo esta conversación conecta directamente con la evolución del consumo en España. Durante años, el café fue un hábito cotidiano, pero no necesariamente una experiencia cuidada. Hoy eso está cambiando. Así como el comensal exige mejor comida, mejor vino o mejor coctelería, también espera cerrar esa experiencia con un café a la altura.
El problema —y a la vez la oportunidad— es claro: La demanda por calidad ha crecido más rápido que la profesionalización del sector. Y ahí es donde la formación especializada se convierte en una pieza clave para sostener y elevar el nivel de toda la industria.

Quality in the Age of Content
La conversación sobre café dejó de centrarse únicamente en el producto para abrir espacio a un tema clave: La percepción de calidad en la era digital. En su ponencia “Quality in the Age of Content”, el formador y competidor internacional Michalis Dimitrakopoulos planteó un enfoque claro: Hoy el café no solo se evalúa en taza, sino también en pantalla.
Dimitrakopoulos, con una trayectoria que incluye el campeonato en el Good Spirits Championship 2016, el subcampeonato mundial de baristas en 2019 y su certificación como juez sensorial, expuso una realidad que impacta directamente a cafeterías, tostadores y marcas: El contenido digital condiciona la forma en que el consumidor descubre, percibe y decide comprar café.
Su planteamiento parte de desmontar una idea común dentro de la industria. La calidad no puede depender de percepciones subjetivas ni de momentos puntuales. Como él mismo lo resume:
“Quality is not a feeling. It’s a system.
Systems create repeatability.
Repeatability creates trust.”
“La calidad no es una sensación. Es un sistema.
Los sistemas crean repetibilidad.
La repetibilidad crea confianza.”
Este enfoque traslada la conversación desde lo emocional hacia lo estructural. En un entorno donde el cliente puede interactuar primero con una marca a través de Instagram o TikTok antes de pisar una cafetería, la consistencia se convierte en el verdadero activo. No basta con hacer un buen café una vez; el reto es hacerlo igual de bien cada día y comunicarlo correctamente.
Otro punto clave de su ponencia fue el papel de la materia prima. Aunque sigue siendo fundamental, ya no representa un factor diferenciador suficiente en el mercado actual:
“Raw material matters. But that’s not enough anymore.”
“La materia prima importa. Pero eso ya no es suficiente.”
Aquí introduce un cambio de paradigma importante. Durante años, el discurso del café de especialidad se centró en origen, trazabilidad y puntuaciones. Hoy, esos elementos siguen siendo necesarios, pero no garantizan por sí solos la conexión con el consumidor. La experiencia completa —producto, servicio y contenido— es lo que construye valor.
En este contexto, Dimitrakopoulos plantea un desafío directo para los profesionales del sector: entender el contenido no como un complemento, sino como una extensión del servicio. La forma en que se presenta el café en redes, la narrativa detrás de cada bebida y la coherencia visual de una marca influyen en la confianza del cliente tanto como la extracción en espresso.
El mensaje final es claro: la industria del café está entrando en una etapa donde la calidad debe ser medible, repetible y visible. Quienes logren integrar sistemas sólidos de trabajo con estrategias de contenido bien ejecutadas tendrán una ventaja competitiva real en un mercado cada vez más saturado y exigente.
Preguntas y respuestas rápidas
¿Qué es Coffee Fest Madrid?
Coffee Fest Madrid (2026) es uno de los eventos más importantes del café de especialidad en España, reuniendo profesionales, marcas y consumidores.
¿Cuántas personas asistieron a Coffee Fest Madrid?
El evento reunió a 57.000 visitantes en tres días, confirmando su crecimiento dentro del sector del café de especialidad.
¿Cuántos expositores participaron en Coffee Fest Madrid?
Coffee Fest Madrid (2026) contó con 240 expositores, además de 52 ponentes distribuidos en distintos espacios y escenarios.
¿Qué tendencias se destacaron en Coffee Fest Madrid?
Se destacaron la profesionalización del barismo, la importancia del contenido digital y la necesidad de conectar toda la cadena del café.
¿Por qué Coffee Fest Madrid es relevante para la industria del café?
Porque refleja la evolución del café de especialidad, integrando formación, negocio, experiencia del cliente y visión global del sector.
Nota:
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